Aprender a cuidar de uno mismo

Antes de empezar a escribir sobre este tema, debemos preguntarte lo siguiente: ¿Quieres tú controlar tu vida o quieres que la vida te controle a ti?

Piénsalo, sólo por un momento …

Vivimos en tiempos saturados de información. Nos movemos, nos desplazamos, corremos, vamos dentro del flujo de un algo en el que normalmente no paramos. Muchos días, o tal vez años, no hay momento para parar a reflexionar o estar bien con uno mismo. Todo apunta al exterior, a vivir con otros, para otros, en base a otros, y no nos damos ni cuenta cómo nos vamos abandonando a nosotros mismos. En el caso de las madres, se hace más notorio aún: Es muy común ver que damos todo por los hijos y la familia y vamos postergando nuestro bienestar álmico para después, para más adelante, para cuando los niños estén grandes, o cuando el marido encuentre un mejor trabajo y tengamos una mejor situación, o para cuando yo misma decida que ya está bien y que es tiempo de velar también por mis propios intereses y desarrollo, pero en eso pueden pasar años … ¿Por qué no empezar ahora?

Sin duda que sin los otros, no podemos crecer. Necesitamos a todos estos otros, porque a través de ellos es como vamos puliendo nuestra verdadera identidad y misión en el mundo.  Pero … si no sabemos cuidar bien de nosotros mismos, vienen no sólo las desgracias materiales, sino también los accidentes, los huesos rotos, los dolores, las enfermedades … e incluso la muerte.

Al igual que en una relación íntima de pareja, el alma se apaga cuando no le prestas la suficiente atención, porque está ahí dichosa de asistirte en todo lo que desees conseguir, pero si no estamos atentos y no percibimos su lenguaje, nos alejamos, nos separamos del verdadero propósito y acabas tu vida con más pendientes de los que deberías haber trabajado en esta vida para tu propia satisfacción y el crecimiento de todo tu entorno.

Tu alma siempre va a llevarte al bienestar, y te va a empujar como sea a recordar ese estado de bien supremo que te contiene aunque aún no lo logres percibir del todo.

Para empezar el autocuidado y recuperar la esencia oculta de ese amor propio, lo primero es reconocer la parte biológica de nuestra composición líquida, y mantener el cuerpo hidratado con suficiente agua limpia, ojalá solarizada, en los porcentajes adecuados a tu masa corporal.

Lo segundo es entender qué tipo de sistema nervioso tienes. Hay dos tipos de sistema nervioso: Sistema nervioso excitado, y sistema nervioso pasivo. Esto es fundamental para empezar a hacerse cargo de uno mismo de la manera adecuada a tu propio diseño. Si tienes sistema nervioso excitado y te tratas a ti mismo como pasivo, los resultados serán contraproducentes. Lo mismo a la inversa: Hay cosas que un sistema nervioso no puede hacer; hay alimentos que un sistema nervioso no puede consumir; y agregamos que incluso, hay pensamientos que un sistema nervioso debe entrenarse a no tener. Esto ni siquiera te lo explican los psiquiatras en consulta cuando vas por angustia, crisis de pánico o depresión. Salvo algunas excepciones, no te tratan en base a qué tipo de sistema nervioso tienes ni te enseñan a tener el control, suponemos que eso no les conviene, pero siendo el sistema nervioso el circuito eléctrico principal que mantiene en funcionamiento todo el sistema, es fundamental cuidarte en base a qué tipo de sistema nervioso tienes.

Lo tercero es aprender a respirar bien, porque vivimos con respiración automática: Respiramos lo suficiente para sobrevivir y nuestros pulmones están entrenados en expandir y contraer sus paredes hasta un bajo porcentaje de todo lo que da. Podemos entrenarnos a nosotros mismos en respiración consciente e incluso en respiración pránica para entrenar a tus pulmones a expandir y contraer sus paredes mucho más allá de lo que acostumbramos, llevando a tu cerebro una cantidad de oxígeno mayor que hará notorias diferencias en tu estado anímico, físico e incluso emocional. Si te entrenas a ti mismo en esto, tu sistema nervioso no sólo te lo agradecerá, sino que además volverás a tu peso adecuado y te sentirás en dominio de tu ser físico llevando tu propio vehículo con alegría.

Lo cuarto es cuidar el sueño: Hacer todo lo que esté a tu alcance por dormir las horas que corresponde a tu edad de vida, y no sólo eso, sino que debemos cuidar el ambiente alrededor del cual nos disponemos al sueño, ya que mientras duermes, no sólo es tu cuerpo físico, maravillosamente perfecto, quien se restablece a sí mismo célula por célula, sino que además los guías y los seres de luz que nos asisten trabajan reparando y restaurando capas de capas de capas de asuntos por resolver que ni siquiera imaginamos. Es muy importante la oscuridad en lo posible total, puesto que las glándulas que favorecen la conexión interna son muy sensibles a la luz y muchas veces despertamos de mal humor y pasamos los días irritados afectando todo nuestro entorno por cuanto la luz afecta nuestro sistema nervioso durante el proceso de reparación.

Quinto y último punto, es entrenarse a uno mismo en lo que suele ser más díficil de realizar: Estar permanentemente atentos a lo que estoy escuchando, lo que estoy viendo, lo que estoy observando, y hacer todo lo posible por evitar situaciones, personas, conversaciones, noticias, películas, canciones, lugares, eventos y todo tipo de circunstancias donde tu ser íntegro sea expuesto a frecuencias que no desees incorporar en tu vida. Estamos viviendo en un período en que creemos que el mundo se cae a pedazos, pero la verdad es que estos son tiempos extraordinarios, donde estamos retornando a nuestro verdadero poder, y parte de este poder del ser humano es tomar control absoluto de la propia energía dejando de regalarle los pensamientos, los sentimientos, y nuestro valioso tiempo, a un sinfín de circunstancias que te roban tu luz más preciada llenándote de miedos y angustias por el sólo hecho de existir, cuando la verdad es otra totalmente distinta, pero lograr esto es trabajo arduo de fe.

Te invito a tomar el control de ti mismo ahora. Es tiempo de cuidarnos como corresponde para retornar a nuestra propia Luz, ponernos firmes en quienes somos, en lo que creemos, en lo que queremos incorporar y lo que no, y con toda calma, hidratarnos, respirar, equilibrarnos, descansar adecuadamente y sostener nuestra energía en alto, para que desde cada uno de nosotros, podamos afectar a nuestro entorno de un modo mejor, más liviano, más positivo, más alegre, y sin duda, mucho más saludable.

MCLB

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