Sobre Dios

He estado pensando mucho en qué es “compartir con otros lo encontrado para mí”, a propósito de mi propia Rueda Anual 2026. Se me ocurren muchas cosas que podría compartir, y me pasa que en los ratos que tengo para abrir redes sociales me encuentro con una saturación tan grande de información que llego a sentir que de todo está el mundo repleto -¿para qué más?-, y además, me pasa que como tengo conocimiento profundo sobre la luz y la oscuridad y sé muy bien cómo las entidades se disfrazan de buenos, bonitos y bondadosos, suelo ver tantas distorsiones pseudo espirituales que siento una especial tristeza y compasión por la humanidad que a veces me quema, y logro tener un ratito para dejar algún comentario que pudiera ayudar a alguien, pero también siempre pienso en que por respeto a la primera gran ley del amor del Universo, no se debe pasar a llevar jamás el Libre Albedrío del otro, así que suelto, lo dejo, y me enfoco más en mis consultantes, pues ellos sí realizan las preguntas adecuadas por su propia voluntad y a ellos sí les puedo educar uno a uno y compartir absolutamente todo “lo que haya encontrado para mí”. En ese aspecto, sí estoy cumpliendo constantemente con mi aprendizaje.

Lo que sí me tiene admirada, asombrada, y maravillada, es ver la enorme cantidad de almas que están volviendo a Dios. Noticias sobre cantantes horrorosos, que de pronto entran en consciencia y se vuelven hacia Dios, cambiando y modificando los mensajes que antes entregaban. Actores, actrices, montonazos de testimonios que me estremecen hasta las lágrimas porque ese siempre ha sido mi trabajo principal: Reconectar al ser humano a la Fuente Divina. Chiquillas, unas niñas pequeñas para mí -que ya estoy al borde de los “sin cuenta”-, hablando de Dios con tanta certeza, para públicos de las edades de ellas. Nuevas generaciones que están volviendo su corazón a la Luz. Créeme: El mundo se ve hecho un desastre pero la verdad es que hay Mucha Esperanza.

Mis propios consultantes, especialmente los más aplicados en su desarrollo evolutivo, van avanzando en ese proceso, y entonces llega un tiempo en que ya dejan de preguntarlo todo, superan sus propias inseguridades iniciales y dicen cosas como “Se lo dejo a Dios”, y entonces yo celebro y siento que con ellos voy cumpliendo mi misión espiritual máxima de la vida.

Y sobre este tema, siempre me cuestiono que yo debería estar haciendo tantas, pero tantas tantas otras cosas que me fascina realizar, y a las que les dejo demasiado muy poco tiempo, porque mi prioridad ha sido siempre cumplir mi misión: Sacar a la gente de sus depresiones, de sus dolores, de sus distorsiones relacionales, de sus traumas, para que aprendan a construir por sí mismos la Paz. Todo lo demás, que son mis procesos creativos que son muy intensos, tienen otro nivel de prioridad en mi agenda: Primero mi trabajo fijo -obvio, si quedé viuda con hija en desarrollo-, y luego en mis ratos libres dejo absolutamente todo mi tiempo a realizar sesiones donde sí puedo cumplir con mi misión espiritual. Pero también me gusta mucho pintar, dibujar, coser, y dejar que mis manos de cirujano construyan las maravillas que a Dios se le ocurra activar en mi corazón.  

Pero si pienso en qué es lo que debiera compartir con otros, antes que compartir arte o algunas creaciones, o llenar el mundo de contenido en redes sociales, lo único que se me ocurre es Dios.

¿Cómo se comparte a Dios con otros?

¿Cómo se comparte a Dios con otros sin pasar a llevar jamás el Libre Albedrío de otro?

¿Cómo se comparte a Dios en un mundo donde la oscuridad evidentemente se ha tomado todos los frentes?

Esa es ahora mi reflexión …

Por lo pronto mi respuesta es el amor y sólo el amor.

Era absolutamente verdad, que -absolutamente- todo lo demás, era pura añadidura.

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