El alma es lo más personal del ser humano, lo que no muere ni termina con la muerte.
Estamos viviendo un período de extrema intensidad: la frecuencia del planeta se acelera y nos impulsa constantemente a nuevos desafíos. Los aprendizajes se intensifican, las pruebas se vuelven más desafiantes, la enfermedad aparece con mayor rapidez y el modo sobrevivencia se eleva, dejando en evidencia el nítido contraste entre la luz y la oscuridad. Somos nosotros mismos quienes elegimos, a través de nuestro Libre Albedrío, si elevamos la consciencia y evolucionamos o permanecemos en el caos. Disolver el sufrimiento implica reconectar con nuestra verdad más profunda y expandir, desde el corazón, un estado de consciencia sostenido que sea capaz de crear la salud y la felicidad que tanto anhelamos, para nuestro bien y el de toda la humanidad.