Mis Galerías

Algunos ejercicios de escuela:

Después de haber realizado todos los ejercicios artísticos posibles, me quedo finalmente con algunas técnicas favoritas que son el óleo, los lápices grafito o de colores, las barritas de pastel tiza, el carboncillo y por una cuestión práctica de expresión instantánea, la tinta y la pluma que siempre tengo a mano con mi croquera.

Algunos óleos:

Algunos grafitos:

Algunos retratos con pastel tiza:

Algunos carboncillos de dibujo clásico:

Algunos dibujos a tinta:

Personalmente, huyo lo más posible del arte abstracto y me siento mucho mejor con el arte geométrico o simbólico, que es lenguaje de mis creaciones personales como expresión creativa. 

Pronto insertaré aquí mis mandalas y mis arbolitos

Y estoy creando un libro de mandalas para colorear

En general, utilizo el arte, o más específicamente la pintura, para poder sanar algunos impactos del alma que van quedando anclados en la conciencia. Muchas veces, tras alguna noticia impactante, sólo puedo liberarme de ese malestar después de haber pintado un cuadro. Pero son cuadros fuertes que no voy a compartir. Además, muchas veces los termino y los vuelvo a cubrir para pintar otro diseño encima. O también me ocurre que, a veces, estoy a mitad de camino en la construcción del cuadro y ya se completa la sanación una vez que he asimilado e integrado la imagen en mi psique, y entonces ya no tiene sentido seguir mirándola al dejar de ser una imagen intrusiva. Aquí comparto sólo dos:

Esta fue una historia que escuché en la radio de una empleada que ocultó su embarazo para no ser despedida hasta que dio a luz de pie pasando la enceradora. No pude dormir en semanas hasta que terminé de pintar este cuadro.

 

 



Sólo me sané del impacto de los bombardeos en los hospitales de niños en Siria cuando terminé de pintar esta serie de cuatro cuadros en distintos tonos. Utilicé la misma fotografía que me partió el corazón.

Esta forma de canalización emocional artística la utilizan los niños de forma muy instintiva y natural en toda su primera infancia. Después se va disolviendo lentamente a medida que crecemos, se nos va cerrando este canal de comunicación con nuestra psique, y damos paso a un adulto (adulterado), muchas veces hiper-racionalista. 

Siempre recuerdo lo que me enseñó mi hija a sus 3 1/2 años: Encontramos un gatito perdido, lo llevamos a casa, lo alimentamos, ella jugaba mucho con él, pero el gatito estaba enfermo y a los pocos días murió. Le expliqué y no pasó nada, siguió jugando y viviendo como si nada le afectara, no había ni una sola emoción con respecto a la muerte de su amigo en ella. Hasta que una semana después del entierro, en la mañana apenas despertó, agarró un cuaderno de hojas blancas con un lápiz y empezó a dibujar apasionadamente. De pronto, de un instante a otro, se puso furiosa y rayó todo su dibujo, lo tachó agresivamente y exclamaba: “¡¡¡no me resulta, no me resulta!!!”. Entonces me acerqué y le pregunté: ¿Qué intentas dibujar ahí que no te resulta? a lo que ella me contestó: “Mi gato, mami, mi gato”, y ahí recién estalló en llanto y pudo dejar salir su emoción: Su verdad interior era que lo echaba mucho de menos y gracias a este episodio de dibujo logró expresar toda la tristeza de haber perdido su afecto de apego (me rehúso a llamarle objeto).

Es por esto que, de vez en cuando, incorporo también el arte en mis terapias cuando percibo que el paciente así lo necesita, porque a veces hay cosas en que la mente no encuentra el lenguaje apropiado para su expresión siendo el arte una manera muy concreta de dejar salir el contenido inconsciente. Y cuando he realizado mis talleres espirituales, ha traído muy buenos resultados en los ejercicios vivenciales con mis alumnos.

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