Estamos despertando

Estamos insertos dentro de un gran sistema económico que, en la mayoría de los casos, nos tiene prisioneros. Somos todos parte de una gran máquina generadora de recursos que generen riquezas lamentablemente, para unos pocos. La balanza está totalmente desajustada. Aún no hemos sabido cómo hacerlo, pero hacemos grandes esfuerzos: Los países negocian lo que consideran más adecuado, y la masa se manifiesta fuertemente de diversas maneras. Todos, en varios niveles, buscamos hacer ese ajuste de la balanza. Aportar con algo, obrar en algo, que nos restaure un poco el equilibrio, estemos consciente o inconscientemente participando.

En este empuje de recomposición, es que estamos despertando todos a lo que verdaderamente somos. Todos ansiamos recordar quién soy, para qué sirvo, y hacia dónde voy, porque hay una sensación de que se debe hacer algo. Algunos nacen y lo tienen clarito, viven vidas altamente idealistas, y consiguen finalmente sus objetivos, pero otros debemos pasar 20, 30, 40 años o más, trabajando arduamente para recordar, recomponer, ordenar y retornar a la verdadera esencia.

Y en esto de retornar a la verdadera esencia es que me llama la atención la cantidad de Sesiones de Tarot, en que el consultante viene hecho un nudo, porque siente, escucha, percibe, o ve cosas, que en el medio se consideran aún locuras, y sufren: No le cuentan a nadie lo que les pasa, porque todos también queremos ser aceptados y siempre pensamos que si confesamos nuestros verdaderos dones espirituales, nos van a cuestionar y no nos volverán a ver con ojos cuerdos.

Lo he mencionado tanto: Aún no está habilitado creer en lo invisible, falta todavía harto trabajo para que podamos ascender a ese nivel, por eso este trabajo es tan oculto y silencioso, de uno a uno, con reserva total hasta el olvido.

El consultante promedio generalmente duda de todas sus percepciones, y va por la vida negándose a sí mismo, poniendo resistencia racional a otras fuentes de conexión directa que existen solamente para añadir Luz al camino.

… light into the path …

Para eso estamos aquí y para eso tenemos las vidas que tenemos: La madera se pule con lija, pero las personas nos pulimos con personas. Se trata de poner nuestros dones al servicio de las personas.

Como herramienta, el Tarot te muestra la gráfica de tus propias habilidades y potencias a realizar. Te ordena el panorama tan clara y armoniosamente, que sirve como instrumento para el despertar.

Estamos en un período de tiempo tan intenso, que estamos todos despertando el mismo tiempo: Sanadores, Chamanes, Videntes, Mediums, Canalizadores, Médicos, Transmutadores, todos, ya estamos entendiendo que tenemos mucho trabajo por realizar.

Pero hemos pasado mucho tiempo ocultándonos, poniendo nuestros dones en reserva, alejados completa o medianamente de nuestro propio diseño original, tratando se ser como son los otros, para poder encajar en este lugar. Y así pasa el tiempo haciendo caso omiso a las señales.

Entonces, llega un momento en la vida de todos, en que las percepciones extrañas empiezan a pulsar y se hacen más intensas y evidentes. Es muy peligroso no pescar. Muy peligroso es hacer caso omiso de lo que ya sientes que eres, porque el alma siempre te va a empujar a sacar todo afuera y te a va a obligar al crear el escenario perfecto para que el aprendizaje suceda: Cuando la tensión es máxima viene el dolor, la ruptura de un algo a lo que me aferro, el alejamiento obligatorio y triste de personas que amamos pero que ya no nos ayudan a crecer en este plano y al irse de nuestras vidas en el fondo nos dicen que podemos seguir solos desde ahora. Puede venir la ruina, la miseria, o también vienen los accidentes, los porrazos, los esguinces, las fracturas. A través del dolor es que abrimos la consciencia, no hay aprendizaje sin dolor.

Todo el dolor que vemos, el que nos ocurre a nosotros, está ahí para que tomemos más fuerza, más coraje, más verdad, en pararnos firmes sobre la tierra y ser como realmente somos. Esta es la gran reparación: Volver a la esencia, vivir en la verdad. Creo que es la única manera de ajustar la gran balanza, porque todos tenemos un orden específico y una cierta habilidad para trabajar y aportar, como ocurre en el siguiente ejemplo: La historia que me contaron hoy por azar.

El señor que nos lava el auto, me contó hoy algo asombroso, justo después de haber estado acompañada un rato por los dos protagónicos de mi ejército celestial.

Me contó que el otro día llegó una mujer muy cabizbaja, se sentó en el mirador a fumar, se notaba triste. Él se acercó y para intentar animarla, comenzó a hablarle. Sin saberlo, se transformó en canal, conectó y bajó un montón de información sobre Moisés para esta mujer, ahí, en vivo y en directo. Cuando terminó de hablar, la mujer estaba feliz, muy contenta, le cambió por completo su energía: Era una mujer como nueva.

Ella ya se iba, cuando se devuelve a comentarle que había ido al mirador esa tarde porque estaba decidida a morir: Se quería tirar desde el mirador a la calle principal y terminar con su vida, ese día, y justo en ese momento, este hombre estaba allí, listo y dispuesto para hacer todo lo posible por sostenerla. Siguió su intuición por completo, le habló lo que sintió que le tenía que decir, y de este modo la sostuvo y la afirmó en el aquí y ahora, salvándole la vida.

Estaba asombrado y muy emocionado. Yo le expliqué un poco sobre cómo funcionan este tipo de habilidades, transformándome yo en canal para darle a él una respuesta, pues sentía su cerebro explotar con el evento que le había sucedido. Lo tranquilicé, y de inmediato él se hizo entonces canal para mí: Me dijo que investigara sobre la Rosa de Charol, que sería justo la respuesta que yo necesitaba hoy para continuar trabajando lo que me pide mi Guía.

Es maravilloso cómo es que funciona este flujo continuo de información espiritual. Cuando seamos muchos más quienes obremos sin miedo desde nuestra verdadera esencia, seremos mucho más poderosos que cualquier torcida planificación  que nos imponga el sistema en que habitamos. Juntos, podremos coincidir en pulsar la fuerza para hacer los ajustes necesarios y recuperar nuestro equilibrio vital.

Nuestra Tierra estará orgullosa de nosotros cuando llegue ese momento. Ahí sí, seremos verdaderos hijos de mamá y papá e iremos a descansar a nuestra casa.

¿Despertemos?

MCLB

Sobre el invierno

Los inviernos siempre son duros: 

Hay mucho frío, necesitamos más ropa y la ropa nos trae con más peso, por lo que sentimos que cargamos más siendo la piel el umbral de nuestra autoconciencia. 

En invierno necesitamos fuentes extra de calor, siendo el fuego en la chimenea el que sentimos como más óptimo para calmar nuestra necesidad de cobijo. El fuego como generador de toda energía. 

Es muy positivo que una vez al año, estemos obligados a recordar ese calor, esa fuente, ya que después, cuando empieza a pasar el mal tiempo y empiezan más seguido los días de sol, empezamos a reactivar ese calor desde adentro, no necesitamos tanta ropa, ya no llevamos tanto peso, no sentimos tanta carga, y automáticamente nos volcamos más hacia lo externo. Salimos más, compartimos más, expresamos más. 

El frío inevitablemente nos va a hacer sentir esa necesidad de volvernos un poco hacia adentro, y eso nos hace sentir apartados, un poco desamparados, como no encajando bien con lo externo, nos hace dudar si no somos firmes, y hasta incluso puede que andemos mudos, sin muchas ganas de hablar. Esto es un proceso natural psicológico, que a todos nos afecta en diversos niveles, aunque nos hagamos los fuertes y demostremos que no, igual es instintivo nuestro el repliegue invernal. 

Por lo mismo no es raro ver en invierno a las parejas abrazarse durante horas sin hablar; o a los ancianos sentados juntos sin decirse una sola palabra mientras la lluvia allá afuera trae música de estrellas. No es raro, no pasa nada. Es natural y es temporal, muy necesario para el correcto encaje del espíritu en nuestro físico vehículo. 

El problema no es el invierno exactamente, sino que nuestro mundo de afuera no está habilitado para parar, para detenerse, para apartarse, para reflexionar. No se puede, hay que seguir permanentemente activando lo terrestre, sea la estación que sea. Este es voluntarioso trabajo de equilibrio que hay que hacer: Seguir obrando en lo terrestre activamente hacia afuera, mientras por dentro estoy en la reflexión profunda de una tarde de lluvia, de una ciudad bajo la neblina, de un frío que te consume hasta los huesos. Porque, querer vibrar como verano mientras sucede el invierno es ir en contra de sí y es desconectarse del flujo natural de los sucesos. 

Estamos claros en que la falta de luz hace que se debilite todo nuestro sistema: es cuando más estamos propensos a enfermedades, nos bajan las defensas, y eso, en algún profundo nivel nos parte el alma ya que nos percibimos a nosotros mismos vulnerables ante las agresiones del entorno. 

El frío se siente a veces muy agresivo, pero las palabras duras que provienen de los seres que amamos, nos llegan también como pinchudos dolores a nuestro corazón, y que si son repetitivos pueden terminar destruyendo los afectos. 

Así es que no importa si debes seguir y no puedes parar a contemplar la lluvia, lo que importa es que puedas ir por dentro viviendo activamente tus procesos, y respetándote los tiempos de silencio que te pida el interior. Si no quieres hablar, no hables, pero escucha. Si no quieres salir, no salgas, pero abre las puertas a las visitas. 

Observa y obsérvate, con más cuidado que nunca, y disfruta esta estación como una de aplicarse a mayor retiro, a la reflexión, fortalecimiento, tiempo de hacer conexión, de poner en orden lo que hay dentro, y afuera escuchar, compartir, alimentar, dar, saldar cuentas, pedir perdón, perdonar, y restaurarse para tener una mejor primavera. 

Ya viene el renacimiento.

MCLB

A continuación un texto sobre el invierno, por Jim Rohn:

INVIERNO

El invierno, como la primavera, es una estación que puede hacer una breve aparición durante cualquier estación, como un recordatorio de su poder. En medio del verano, cuando conscientemente cuidamos nuestros cultivos, el invierno puede descender momentáneamente como una amenaza para llevarse los frutos de nuestro esfuerzo. El invierno puede hacer su amenazadora aparición durante la estación de la oportunidad, la primavera, y si no acertamos rápidamente a neutralizar su potencial efecto devastador, la estación de la oportunidad será alejada de nosotros por una de las tormentas de la vida, dejándonos con otro año completo para esperar. El invierno puede aparecer prematuramente en la estación de la cosecha: el otoño, justo cuando vamos a obtener las recompensas de un gran trabajo, y nos deja con las cosechas o resultados completamente desvalorizados.

La primera gran lección de la vida es aprender que el invierno siempre vendrá; no únicamente el invierno del frío, del viento, del hielo, de la nieve, sino el invierno de la desesperación humana y la soledad, desilusión o tragedia.

Es en el invierno cuando las plegarias no son respondidas, o cuando los actos de nuestros hijos nos dejan temblorosos y asombrados. Es en el invierno cuando la economía se vuelve en contra nuestra; o cuando los prestamistas nos persiguen. Es en el invierno cuando la competencia amenaza, o cuando un amigo se aprovecha de nosotros. El invierno viene en muchas formas, y en cualquier momento, tanto para el cultivador como para el hombre de negocios, y aún en nuestras vidas personales.

La llegada del invierno nos puede encontrar en una de estas dos categorías: preparados o no preparados.

Para aquellos que estaban preparados, que plantaron abundantemente en la primavera, que cuidaron sus cultivos durante el verano, y que cosecharon masivamente durante el otoño, el invierno será otra estación de oportunidad. Puede ser un tiempo para leer, para planificar, un tiempo para reunir fuerzas para la próxima primavera, y un tiempo para permanecer en confortable refugio. Puede ser un tiempo de gran regocijo, un tiempo para compartir con los que amamos, y con quienes trabajamos. Es el momento de dar gracias, y de compartir los generosos regalos de la vida. El invierno es el momento del agradecimiento por lo que tenemos y por lo que habremos de adquirir. El invierno es un tiempo para descansar, pero no excesivamente. Es el tiempo para gozar de los frutos de nuestro trabajo, pero no el tiempo para la glotonería. Es el tiempo para cálidas conversaciones, pero no para los chismes. Es el tiempo de la gratitud, pero no el de la complacencia. Es el tiempo para estar orgullosos, pero no para ser egoístas. Lo que hacemos con nuestro tiempo, con nosotros mismos, con nuestros amigos y con nuestras actitudes durante el invierno, determina lo que haremos cuando venga la primavera.

Estamos supuestos a mejorar constantemente nuestras condiciones, nuestros resultados, y a nosotros mismos. O mejoramos, o empeoramos, pero nunca permaneceremos iguales. Si no mejoramos, es porque no usamos nuestra inteligencia, nuestro razonamiento, y nuestro potencial completo, lo que al final produce que lo que no usemos, lo perderemos. Por falta de uso podremos perder nuestra inteligencia, razonamiento, potencial y fortaleza. Y cuando la falta de uso, o el mal uso, nos cuesta estos importantes atributos humanos, podemos predecir que retrocederemos.Nuevamente, es una ley básica de la vida que demanda el progreso o el retroceso humanos.

Los que estuvieron preparados para la llegada del invierno, podrán usarlo como si fuera la primavera… para su ventaja. Para los que no estuvieron preparados para la llegada del invierno, es tiempo de arrepentimiento y tiempo de tristeza. Habiéndoles faltado la voluntad de pagar el precio de la disciplina, ahora van a pagar un precio mayor: el del arrepentimiento.El peso de las cadenas de la disciplina parecerá insignificante cuando se compare con el masivo peso, y las penosas restricciones del arrepentimiento. El arrepentimiento es un granero y una cocina vacía, cuando el siguiente otoño está todavía a un año de distancia. Y con la llegada de la primavera, tendremos que hacer nuevos esfuerzos con un estómago y una billetera vacías. Para los que están preparados, el invierno es una primavera en otra forma; pero, para quienes están mal preparados, la llegada del invierno está llena de horror e incertidumbre. Amor y armonía dan paso a las acusaciones y a la rabia.

El tiempo de experimentar el horror del invierno, para el cual estuvimos mal preparados, está en la primavera y en nuestra mente. Dejemos que la imaginación pinte para nosotros los helados vientos, los campos con tormentas de nieve, los árboles cubiertos de hielo; dejemos a los ojos de nuestra mente experimentar el llanto de un niño hambriento, y la desilusión en los ojos de los que amamos; experimentemos, emocionalmente, la miseria de las excusas y disculpas sobre nuestros pasados errores, y el temor que sentimos cuando llega el cartero a golpear a la puerta. Anticipando estas escenas, podremos vivir el impacto que nos hará mover hacia un masivo esfuerzo en la primavera, haciendo que esos esfuerzos prevengan que las horribles imágenes se conviertan en realidad.

A lo largo de todas las estaciones del año, el invierno puede tocar nuestras vidas de varias pequeñas maneras: poniéndonos a prueba, y dándonos sutiles recordatorios de todas las dificultades de aquellos cuyas vidas están rodeadas por el invierno. El invierno puede ser una oportunidad perdida, o la pérdida de un amor. El invierno es cuando un amigo cercano nos causa una gran desilusión, o cuando ese ansiado negocio se lo lleva la competencia. Un frígido y helado golpe, las rudas palabras de alguien que usted ama, eso es el invierno; y también lo es el pesimismo o el cinismo de alguien en quien usted buscó guía y consejo.

El mayor desafío para enfrentar a aquellos rodeados por el invierno es no dejar que nos afecte la llegada de la primavera, y nuestra habilidad de reconocer esa llegada. Gran parte de la vida es aprender a ser siempre parte de la solución, antes que permitirnos ser parte del problema. Si usted está sin amor, sin dinero o empleo, ese es el invierno, y su aparición es debida a que perdió una primavera en alguna parte. La negligencia es siempre costosa, y el invierno es puramente una circunstancia, un efecto producido por alguna causa previa.

Vivir dentro de la severidad de su invierno personal, solamente hace que el invierno sea más difícil de llevar. Busque en los confines internos de su mente y su alma, con el propósito de descubrir sus causas reales. La adversidad raramente es atribuible a alguien o algo fuera de nosotros. Culpar a las influencias externas por las circunstancias del invierno, es una conveniente excusa para desviar la responsabilidad. Es una tendencia normal del ser humano culpar por una vida de invierno a alguien más, y esta es la razón por la que la mayoría de los seres humanos cosecha un resultado mediocre, que es lo que acompaña tal conducta.

Para que las cosas y las circunstancias cambien, las actitudes humanas, las opiniones y los hábitos deben cambiar. Hablar sobre cómo las cosas deberían ser… o por qué las cosas no son justas… se convierte solo en hablar. Conversación improductiva es lo que el perezoso y poco ambicioso hace durante el invierno de la vida, porque hay cierta euforia en esas vacías conversaciones, que producen el adormecimiento de los sentidos, para percibir cómo son las “cosas” realmente. La misma euforia es encontrada en la televisión, y en los que la usan como un escape de su propia vida vacía. Es encontrada en el alcohol y otras drogas, por los que están buscando soluciones en medios externos. Es encontrada en el ocioso cotilleo, que les permite a los que están en él, pasar por encima de sus propias debilidades, atacando las de otros.

Deje que el invierno lo encuentre planificando la llegada de la primavera, no contemplando los errores de acción y omisión del año pasado. Deje que el invierno lo encuentre con un semblante jubiloso, un corazón feliz, y un buen mensaje para los que lo rodean; con confianza en el futuro, no aprehensión; con apreciación por el pasado, no arrepentimiento; y finalmente, con gratitud por sus logros, adversidades, e incertidumbres de la vida, porque esa es la forma en la que las bendiciones remueven las limitaciones, para las futuras posibilidades de vida.

El invierno es un tiempo de reflexión, ponderación e introspección. Es un tiempo para evaluar ambos: propósito y procedimiento; para volver a descubrir el frecuentemente equivocado sentido del propósito. Es el tiempo para encontrar nuevas maneras de resolver viejos dilemas; y para diseñar planes únicos que contribuyan al desarrollo de otros menos afortunados que nosotros. Es el tiempo para entender y controlar la rabia, esa frecuente emoción humana que nos hace juzgar sin un justo análisis.

Es tiempo de analizar nuestra imparcialidad, y superar la tendencia de condenar precipitadamente sin investigación, porque esa es la medida de la ignorancia. El invierno es un tiempo para ser sinceros sobre nosotros con nosotros mismos, cuando normalmente la tendencia es auto engañarnos. Es el momento de desarrollar las destrezas y habilidades que nos permitirán contemporizar con gente imperfecta, porque aún para un tonto, es fácil congeniar con gente perfecta. Es también, el tiempo de volverse suficientemente sabio para saber qué decir, lo mismo que para saber qué no mirar y qué no decir. La sabiduría que viene con el cuidadoso uso del invierno nos enseña que la evolución es, simplemente, una revolución a paso más lento, y que el constante y gradual cambio es el orden del universo. Únicamente, aquellos atributos humanos como la honestidad, lealtad, amor y fe en Dios, y en los seres humanos, están supuestos a permanecer constantes.

El invierno es un tiempo para estar agradecidos por nuestros logros, o por haber sido capaces de resistir nuestra falta de ellos.

Durante la inactividad del invierno es el momento de agregar a nuestro granero los conocimientos, producto de la educación continua. Esto no significa seguir aprendiendo cosas, sino aprender a comportarnos de una manera diferente. Los hechos y cosas de la vida son automáticamente aprendidos por cada uno de nosotros, cuando nos inspiramos en el entusiasmo de las expectativas que produce el creer en nuestras propias habilidades.

Con el invierno viene la oportunidad de ponernos al día con las promesas incumplidas, y con las cartas no contestadas. Es también el tiempo de estimular a los jóvenes, quienes con su inexperiencia se sienten inseguros; y darle coraje a los viejos, quienes debido a su experiencia, son aprehensivos sobre el futuro.

No deje ir un invierno sin invertir mucho de su tiempo en asegurar, enseñar y estimular a otros, porque haciendo esto, su recompensa será una mayor confianza en sí mismo; el profesor siempre es el mayor recipiente de las lecciones que busca enseñarle a otros.

Deje que el invierno lo encuentre pensando primero en alguien más, apreciando, siendo amable, siendo gentil; y de todas maneras, deje que el invierno lo encuentre riendo más, aunque los vientos soplen helados, y la nieve cubra la tierra sobre la que pronto deberá nacer nueva vida.

Jim Rohn

 

Sobre el proceso de los niños

Ayer retiré del colegio a mi hija de 11 años, y por enésima vez me pregunta si podemos parar a comprar algo rico en el negocio de la esquina. Me pide que me baje yo, pero como ya nos habíamos pasado camino a casa, le respondo lo siguiente: “Si quieres nos devolvemos pero te bajas y compras tú mientras yo te espero”.  

Intenté hacer lo mismo varias veces antes y siempre me dijo que no, pero para mi sorpresa, esta vez me dijo: “Está bien”, con una luminosa sonrisa.

Se bajó, y mientras ella compraba, yo pensaba en todas esas personas que constantemente me dijeron cosas como: “Pero que lo haga ella”, “¿Cómo no va a poder entrar a comprar sola?”. O tantas otras veces que nos miraron feo, porque ella se ve tan grande y a la vez se ve tan ridículo ante los ojos de los corazones que todo lo juzgan, que yo la deba acompañar a ciertas cosas que le causen incomodidad. Pensaba yo en silencio: “Wow, hoy llegó su momento”.

Estaba en eso cuando ella vuelve con un helado y una golosina para mí. Abre la puerta del copiloto, se sienta, cierra la puerta, me pasa la golosina, deja el vuelto en el monedero, y al echarse hacia atrás al respaldo de su asiento, suspira y me dice: “Uy, me siento bakán comprando”.

Momento aleluya. Todo pagado. Lo hizo ella, por ella misma, cuando ella sintió que ya estaba preparada para actuar. Siento que eso, tiene un valor tremendo para nuestros días. Es algo que me hizo reflexionar y quiero dejarlo escrito para no olvidar la importancia de este momento.

Es muy importante saber respetar los procesos de nuestros hijos. Bueno, el proceso de todos en general, pero en especial de nuestros hijos, pues están desarrollando su personalidad. Están en formación, viendo como funciona nuestro mundo y ya estamos claros que un mundo tan grato no es, es bastante duro y retorcido. Y la luz y la belleza que ellos traen adentro va abriéndose lentamente como una flor, para después dar todo su perfume, belleza y esplendor, pero es un proceso lento y muy delicado al que hay que atender con sumo cuidado.

Yo recuerdo infinidad de situaciones donde fui empujada a realizar acciones que no estaban acorde a mi sentir, y claro que sí, me forjó también de alguna manera, pero por el hecho de forzar, tuve construcción negativa. Una construcción forzada no es para nada lo mismo que una construcción natural.

Siento que hay que dejarlos ser como son, y ellos solos van a queriendo pulirse y superarse. Hay que amarlos tal como son, y acompañarlos en todo lo que necesiten compañía, hasta que ellos solos quieran avanzar, dar un paso más, ir un poco más allá, y pidan hacerlo solos, por libre albedrío, por voluntad propia. Ese momento viene de ellos, es cuando ellos ya se perciben a sí mismos como un ser capaz de realizar algo más, y van y actúan a favor, más sólidos, más seguros de sí mismos. Se autoconstruyen entonces con una base bien establecida desde lo interno, porque han sido amados, aceptados y especialmente respetados en su sentir. 

Eso, me parece algo total, tenemos que seguir trabajando en ello, para nuestros hijos y para todos los niños a nuestro cuidado. 

No podía dejar de escribirlo.

MCLB